viernes, 27 de mayo de 2011

No busquéis...

No hay nadie como ella.




Un placer compartir este viaje con mis tres compañeros... Guille y David, vuestra pesadez amable ha hecho llevadero este trayecto, sois fantásticos. Juan Carlos tendrás que acordarte de nosotros cuando estés bien arriba, donde te corresponde, con los gigantes.


Sin palabras hacia Ana, después de cuatro años y todo lo que has aguantado, sigues teniendo esa sonrisa que en días como hoy da sentido a muchas cosas.

domingo, 6 de marzo de 2011

El simbolismo de Baudelaire y Sísifo...

La mala suerte



Para alzar un peso tan grande
¡Tu coraje haría falta, Sísifo!
Aun empeñándose en la obra
El Arte es largo y breve el Tiempo.

Lejos de célebres túmulos
En un camposanto aislado
Mi corazón, tambor velado,
Va redoblando marchas fúnebres.

-Mucha gema duerme oculta
En las tinieblas y el olvido,
Ajena a picos ya sondas.

-Mucha flor con pesar exhala
Como un secreto su grato aroma
En las profundas soledades.

Las flores del mal, Charles Baudelaire.

lunes, 21 de febrero de 2011

El viejo Sísifo y la ardua tarea del amor.

"Resulta que el viejo Sísifo fue condenado a elevar una piedra hasta la cima de una montaña para justo al llegar a la cima ver como se le resvalaba de entre las manos y rodaba ladera abajo, de forma que tenía que comenzar de nuevo con su trabajo, esa era su condena. El amor a veces se nos antoja una tarea tan ardua como la que le fue encomendada a Sísifo y a veces podemos llegar a pensar que ciertos fracasos son ineludibles, no siempre es así. Nada está escrito ni predeterminado, es más la excusa más cobarde suele ser culpar al destino. A veces un rayo de felicidad un destello de luz se cruza  por tu camino y hace que cambies tus planes, sucede que a veces que algo te eriza la piel y te rescata del naufragio."

Ismael Serrano, en su disco "Un lugar soñado", antes de la canción "Sucede que a veces".


Yogur griego, Lisias 24.

Sólo 13 textos más y el discurso será mío...

lunes, 14 de febrero de 2011

Χρονια Πολλἀ

¡Felicidades Ana!

jueves, 27 de enero de 2011

Captatio Benevolientae.

Els Manel amb..."Captatio Benevolentiae-ens en sortim"

<Captatio benevolentiae, del latín captatio ('captación, acción de buscar algo') y benevolentia caso genitivo, es un recurso literario y retórico a través del cual el autor intenta atraerse la atención y buena disposición del público, en el caso de un discurso, o lector, si apareciese en una obra escrita. ('benevolencia') en el
Los autores hacen alusión la mayoría de las veces a que los oyentes o lectores sean comprensivos con sus errores aduciendo alguna excusa o razón, si bien en muchos de los casos es, presumiblemente, falsa modestia.>> Wikipedia.


miércoles, 8 de diciembre de 2010

Ismael Serrano

Penélope espera en Peumayén- Un lugar soñado, Ismael Serrano reinventando historias clásicas...




Se trata de la leyenda de una despedida que ocurrió aquí, en Peumayén.
Ella se llama Penélope, no recuerdo muy bien si él se llamaba Ulises pero se que lo despidió muy cerca de aquí, en la costa, agitando el pañuelo blanco del desconsuelo y viendo como la panza del horizonte iba consumiendo las velas del barco en el que marchaba su amado.

Él, antes de partir, le dijo a ella :
- Amor mío, tengo que partir, nuevos horizontes me esperan, allá donde el mar y el cielo juntan sus labios, tesoros escondidos en el fondo de un cofre enterrado en una playa que no aparece en ningún mapa, en lejanos acantilados donde el mar susurra mi nombre a golpe de ola.
Amor mío, tengo que marchar, pero espérame, espérame porque...

... No se porqué, pero tu espérame. Regresaré, si.
Seremos los mismos pero con la certeza de haber emprendido el viaje que anunciaban las sirenas, con la certeza de haber asumido el reto de estar vivos.
Adiós.

Y Penélope se quedó esperándole, día tras día. Mes tras mes, apretando el pañuelo blanco del desconsuelo contra el pecho, soñando ser fanal que atrajera a su amante, con los ojos heridos por el salitre, y el alma roja por los argazos mirando el lejano horizonte tratando de adivinar la silueta de un barco lejano que le trajera de vuelta a su hombre.

Total, que esperó muchísimo la mujer.
Y nosotros aquí en Peumayén solíamos acercarnos a ella para hacerle más llevadera la espera...

Nooo... le dabamos conversación. Todo el romanticismo por el retrete.

Le dabamos conversación y le contabamos cualquier chisme de aquí de Peumayén para hacerle más llevadera la espera y sobre todo para apartar su mirada del horizonte lejano y traerla de vuelta hasta nosotros.
Y le decíamos cualquier cosa, que si noséquien se enrolla con nosécual, que si ha visto usted como le queda la lencería al señor Bergia.
Pero por lo general no hacía ni caso, seguía empeñada en buscar aquel velero. Silueta lejana de un barco que le trajera de vuelta a su vida.
Estaba una tarde ella, como tantas otras, en la playa con los pies enterrados en la arena, la arena que vertió su reloj de tanto esperar. De nuevo, sólo sonaba el leve rumor del mar.

El viejo faro de Peumayén empezaba a parpadear, nuestra amiga la gaviota cruzaba el cielo naranja. Penélope divisaba el horizonte tratando de encontrar su velero, esperando y esperando. Y mientras, haciendo repaso de lo vivido, Penélope reflexionaba tratando de llegar, quizá, a alguna conclusión. Haciendo repaso de los caminos tomados, de las decisiones tomadas, y Penélope se dijo a sí misma...
"Hasta aquí hemos llegado, yo ya no espero más, ¿qué voy a estar, toda la vida esperando?"

Se marchó a buscar nuevos horizontes y ¿no supo encontrarlos en la curva de mi espalda?
Y efectivamente, familiares y amigos, al día siguiente Penélope dejó Peumayén.
Y tendrías que verla de camino al autobús que le sacaba de la ciudad, con una sonrisa que no le cabía en la cara. Y nosotros le decíamos: "Hasta pronto Penélope" y ella decía: "Hasta nunca chaval."

Y se fue para un pueblo de interior que al salitre los argazos ya la habían jodido suficientemente la salud y pronto encontró trabajo como taquillera en un viejo cine de barrio.
Y le va bien, ahora anda en amores con el muchacho que trabaja en el proyector, y es feliz. No solamente porque el muchacho que trabaja en el proyector tiene 15 años menos que ella. Que todo influye...
Le van bien las cosas.
Del tipo que marchó en su barco no hemos vuelto a saber nada, por lo menos aquí en Peumayén.
¿Penélope piensa en él? Si, algunas tarde de invierno cuando duelen esas viejas heridas que parecen no cicatrizar nunca y cuando en la pantalla de su cine aparece un barco zarandeado por un mar embravecido, entonces Penélope como en aquella ocasión hace repaso de lo andado, de las decisiones tomadas, de los caminos desechados, trata de llegar a alguna conclusión y se dice:
"Pobre tipo, no sabe lo que se perdió."